Liándola en India

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Desde hace unos días estoy liándola en la India, los que me seguís en mi Twitter o mi instagram, ya lo sabéis. El caso es que, debido a que estaré disfrutando de estas merecidas vacaciones, no actualizaré el blog durante un par de semanas, así que os dejaré algunos links por si acaso os pudieran ser útiles durante mi ausencia.

– Si tienes dudas generales sobre Japón como, por ejemplo, cómo venir a trabajar aquí o información sobre becas, o venir a estudiar a una academia de japonés, no dudes en visitar la sección de preguntas frecuentes.
– Si buscas un guía en español para tu viaje al país del sol naciente pulsa aquí, si solo buscabas ideas para como diseñar tu viaje, aquí propongo algunos itinerarios.
– Si te sientes atraído por la cantidad de comidas y bebidas originales que me he encontrado durante mis viajes te recomiendo esta sección.
– Si estás interesado en el idioma japonés, te recomiendo el canal de Japoneando para aprender desde cero, aunque quizá te interese esta pequeña lista de libros y webs para aprender japonés.
– Si buscas información sobre destinos de Asia oriental o sudeste asiático prueba con China, Corea, Singapur, Vietnam, Taiwan, Tailandia, Malasia o Filipinas.
– Si lo que te gusta es la fotografía, no dudes en pasarte por el fotolog.

¡¡ FELIZ SEMANA A TODOS !!

El nuevo Cartel de Glico en Osaka

El  Nuevo Cartel de Glico en Osaka

El pasado 23 de Octubre de 2014, se inauguró el nuevo cartel de Glico en Osaka, esta es la sexta generación desde que esta marca pusiera su primer neón en de 1935 y, desde entonces, éste se convirtiera en un símbolo del barrio de Dōtonbori (道頓堀) y de la ciudad de Osaka. Esta generación es la primera que está iluminada con realizada con LEDs ya que, hasta ahora, todos habían sido de neón, como este de 1998 que es la única generación que yo había conocido:

Lugar elegido para encontrarnos>

Sé que puede sonar extraño que le dedique un artículo a un cartel publicitario, pero no es lo que anuncie o cómo lo haga, si no que esto es un símbolo de la ciudad y para los que llevamos allí viviendo años es algo significativo (quizá como el cartel del “Tio Pepe” en Madrid por poner un ejemplo). Ya os adelanté en mi instagram, que el cartel estaba en obras, en la foto podíamos ver la lona que cubría la remodelación con la imagen de Haruka Ayase :

Cartel de Glico en Obras

Desde el primer día ya hubo problemas con algunos leds que hacían unas feas rayas negras en la imagen y otros que parpadeaban, pero parece ser que la semana pasada ya quedó reparado. Al final de este post hay un vídeo del cartel actual (previo a esta reparación), no obstante, si queréis hacer una comparación aquí tenéis un vídeo que tomé hace 3 años del cartel anterior (para mi sección “2 minutos”).

New Glico II

Bueno, ya os dejo con el vídeo para que podáis hacer una idea de cómo es el nuevo cartel de Glico. A mi, lo que más me destaca (además del movimiento), es que, en vez de solo mostrar lugares populares de la ciudad de Osaka (como podíamos en la anterior generación) también se hacen alusiones a Kyoto, al shinkansen pasando por el monte Fuji y o a la torre de Tokyo, como símbolo de la capital nipona. En ocasiones el muñequito también da palmas sobre su cabeza, pero esta es la parte que menos me gusta, la verdad… ¿Qué os parece a vosotros?


Gracias Pol, sin tu ayuda
no hubiera podido publicar este post :)

El relato de las sensaciones

El relato de las sensaciones

Hoy, como es miércoles, hablaré de mis aventuras fuera de Japón. Continuaré con la historia de mi escapada a los Montes Wudang, en Hubei, China, cuyo capítulo anterior podéis leer en este post. Esa mañana me levanté muy temprano, desayuné fuerte y salí del hotel con la intención de hacer un recorrido de un día por los montes. Al torcer la esquina donde me despedí de la chica del tren, vi aparecer a Lucy (el nombre inglés de la chica que estaba en la recepción la tarde anterior y que hoy sería mi guía).

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No pude evitar esbozar una sonrisa cuando la vi llegar. Nos dimos los buenos días y nos preguntamos casi a la vez si habíamos desayunado (ambos habíamos comido ya). Tomamos un bus de línea y nuestra conversación se fue apagando debido al sueño. Aunque yo era el (supuestamente) más interesado en hacer esta visita, ella estaba mucho más despejada y animada que yo (que me limitaba a permanecer despierto). Llegamos al final de la línea y andamos un tramo hasta llegar a la entrada. La primera impresión fue un poco extraña, me encontré con unas edificaciones modernas, imitando la arquitectura antigua, muchas aún a medias de construir, con enormes espacios vacíos que seguramente se convertirían en un futuro cercano en cafeterías, tiendas y puestos de souvenirs (véase imagen sobre este párrafo). Se ve que quieren montar un circo turístico aquí, y me alegro de no haberlo visto así todavía, aunque lo ideal hubiera sido llegar hace un lustro, que seguro que no había nada de esto.

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Comenzamos a subir el monte Zhanqifeng, pasamos por el templo de la Nube Púrpura y continuamos la ascensión. Lucy me iba explicando los detalles que ella conocía del lugar, pero yo le preguntaba a ella, sobre su familia y sus costumbres. Después de haber vivido durante meses en una ciudad grande de China como es Guangzhou, sentía curiosidad de saber de primera mano cómo era la vida de una chica de apenas 20 años de un pueblo del interior. Pero lo más increíble fue que hacía menos de 24 horas no podíamos entendernos y nos costaba expresar ideas simples y en ese momento parecía que podíamos hablar de cualquier cosa. ¡Cuán curiosas son las relaciones humanas!

Montañas Wudang

Llegamos hasta arriba del todo, vimos como los grandes grupos de turistas chinos identificados por pegatinas de colores (y liderados de guías armados con banderitas) iban ocupando las zonas que apenas media hora antes acabábamos de pisar. Durante el ascenso vimos paisajes mágicos, pero os hablaré de ellos en una entrada dedicada exclusivamente a la belleza y la historia de este lugar. Hoy simplemente quiero acabar el relato de las sensaciones que me recordaron quién era, por qué amaba viajar y qué había venido a buscar allí. Aunque yo no me había dado cuenta todavía, no había venido a buscar una experiencia, una fotografía o un paisaje, ni siquiera un templo, un resto arqueológico o los vestigios de una antigua dinastía. Había venido a encontrarme a mí mismo y a recordarme que por mucho que haya andado, aún me quedaba mucho por caminar…

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Llevando la contraria a la metáfora, iniciamos el descenso. Yo quería explorar más caminos que antes no habíamos tomado y fuimos haciendo otras combinaciones en nuestro regreso. El camino se alargaba, pero ya había llegado la tarde y el hambre apretaba. Habíamos tomado algunas frutas y dulces a lo largo de la mañana para matar el hambre y asegurarnos la energía de los azúcares, ya que en un alarde de ingeniería, en vez de permitir la ascensión por un camino en cuesta, la misma se realizaba mediante un número de escalones que podía contarse por millares (y no es una exageración). Lucy, que al principio de la jornada se atrevió a fanfarronear de que ella estaba acostumbrada a esta montaña (ya que la había visitado desde niña), no me decía nada pero yo podía leer en su cara el cansancio, además que dejó de iniciar las conversaciones, síntoma inequívoco de que ya necesitábamos pararnos. Nos sentamos a comer en un puesto al borde de uno de los caminos que atravesaban el bosque. Yo apenas comí (algo extraño en mí, pues soy algo glotón) pero ella lo hizo con ganas.

Comiendo con Lucy

Tras la comida, continuamos el camino de retorno con un paso mucho más relajado. Ella me confesó que estaba muy cansada y que no entendía muy bien que yo hubiera venido desde tan lejos solo para tomar fotos. Normalmente los extranjeros iban hasta allí para quedarse varios días pernoctando en los templos y practicando taichí o artes marciales. Yo le hablé de mi país y le enseñé fotografías y ella me dijo que también iría hasta España a tomar fotos y que así me entendería. Me habló de sus sueños y ambiciones, y entre los más diversos temas se nos escaparon las horas. Llegamos al pueblo de nuevo cuando el sol ya comenzaba a caer. Me despedí con un abrazo (y digo “me” porque fue iniciativa mía) y con un millón de gracias. Ella tardó en reaccionar, nunca había recibido un abrazo de una persona que había conocido hacía 24 horas y me confesó que otra chica en su caso se podría haber sentido ofendida. Tras ello, me abrazó ella a mí, esta vez motu proprio y me hizo prometer que volvería a verla y que si ella venía a España sería yo el que haría de guía. Le ofrecí mi meñique como garantía y ella lo rodeó con el suyo antes de despedirse y desaparecer por una de las callejuelas, eso si, sin dejar de mover el brazo en señal de despedida hasta perder el contacto visual.

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Yo volví al hotel, nada más llegar me duché y me cambié, realmente lo necesitaba. Como apenas había comido, decidí salir a merendar algo antes de que atardeciera del todo, pero en ese momento llamaron a la puerta de la habitación. Miré por la mirilla y vi que eran los niños que conocí el primer día que, como sabían que me iba temprano al día siguiente y no podrían verme, venían a despedirse ¿que detallazo, verdad?. Al abrir la puerta un poco, entraron todos en tropel a ver cómo era la habitación… no, no hablo de asomarse… ¡si no de entrar hasta el fondo!… fue muy gracioso. Antes de irnos todos juntos a merendar les hice esta foto, imagen con la que cierro esta historia… una historia que versa de compañeras de un viaje de tren, de pequeños amigos que no hablan tu idioma y de guías improvisadas que no dejan de sonreir… ¡Ah! y de montañas… también habla de montañas… ;)

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2 minutos con los monos de cara roja

Los monos de cara roja

Como el invierno ya está a la vuelta de la esquina y ya va llegando el frío, me gustaría retomar la sección “dos minutos en…“, con este vídeo que grabé este invierno en el parque de los monos de Jigokudani, en Yudanaka, prefectura de Nagano. Los vídeos de esta sección se caracterizan por estar grabados a cámara fija y con sonido ambiente, espero que os gusten estos dos minutos con los monos de cara roja.

Aquí os dejo otros vídeos de Japón que he publicado bajo esta categoría:
2 minutos en Shinjuku.
2 minutos en un Shōtengai de Kyoto.
2 minutos en Osaka.
2 minutos en el cruce de Shibuya
2 minutos en la Yamanote
2 minutos en el monorraíl de Osaka
2 minutos en la estación de Shinagawa.

Gansen-ji (岩船寺)

岩船寺

Hay templos ancestrales que, escondidos entre las montañas, guardan oscuras historias, secretas leyendas y reliquias que pocos recuerdan. Quizá porque fueron parte de un corto periodo de gloria que se remonta a cuando Japón tuvo unas capitales ya olvidadas. Uno de esos templos es el Gansen-ji (岩船寺), fundado en el año 729 de nuestra era y prueba tangible del poder y la influencia del budismo en Nara y sus alrededores durante el siglo octavo.

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Hoy hace un justo un año que visité este lugar por primera vez en una ruta de senderismo que hice por el valle del río Kizu (a veces lo transcriben como Kidu) y me encantó. Fue una pena que aún fuera temprano para ver los árboles teñidos de colores ocres y rojizos debido al Kouyou (紅葉), pero aún así disfruté mucho del emplazamiento del templo y de la tranquilidad de ver algo tan bonito sin gente alrededor, ya que, hasta aquí, quitando épocas muy concretas, no viene nadie.

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Se cree que el templo fue fundado por el monje budista Gyōki, uno de lo más célebres de aquella época (que también participo activamente en la construcción del Todai-ji). También se sabe que el emplazamiento original del templo estaba unos 3 kilómetros más al sur. La pagoda (de tres niveles) se incorporó mucho más tarde al complejo, ya que es del año 1442 (periodo Muromachi).

Gansen-ji

Aunque, como podéis ver en las imágenes, el templo estaba precioso, una de las épocas ideales para visitarlo sería entre los meses de mayo y julio que es cuando florece el ajisai (紫陽花), un tipo de hortensia que se da en Japón, ya que los jardines están llenos de esta planta. Para haceros una idea os dejo con esta fotografía, que ha sido obtenida de k-kabegami, es la única que no es mía de este post:

紫陽花

Justo detrás de la pagoda hay un camino que nos lleva a las colinas que rodean el templo, mucha gente no se percata de él, llega hasta la última edificación y regresa, pero, ya que había llegado hasta allí, no pensaba irme sin haber visto todo lo posible, así que empecé a subir por un pequeño sendero delimitado por árboles jóvenes y alguna que otra valla de madera.

Caminito

El camino rodea literalmente el templo, primero la pagoda, luego la entrada y luego asciende hasta una parte privilegiada de la colina que nos permite ver todo el valle. Después no nos queda otra opción que deshacer el camino de unos 5-10 minutos que hemos tenido que andar para llegar aquí, pero vamos… solo por esta vista merece la pena el paseo:

Kidugawa Valley

Al final del post, os dejo la ubicación de este templo en Google Maps, no obstante, os indicaré más fácilmente cómo llegar para poneros en situación. Actualmente este área pertenece al término municipal de Kizugawa (木津川市) que, aunque es parte la prefectura de Kyoto, está tan al sur de la provincia que la ciudad “grande” más cercana es Nara, desde la cual se podría acceder hasta aquí, pero habría que tomar dos autobuses y es algo lioso, así que en el siguiente párrafo os explico las que considero las formas más fáciles de llegar:

Pagoda Entrance
Detalle de la entrada de la pagoda

Primero, tendríais que ir en tren hasta la estación de Kamo de la línea JR, salir por la salida este (東口) y tomar un autobús comunitario de la línea 10 que nos llevará hasta el templo o, directamente, andar desde la estación (yo tomé esta última opción, ya que estaba realizando una ruta de senderismo por la zona). La entrada al templo cuesta 400yenes por persona (haz clic sobre la cantidad para ver el cambio en Euros)

Hidden Pagoda

Si vais andando, subiendo por la carretera se tarda alrededor de una hora y veinte minutos, pero es un camino bastante aburrido. Yo recomiendo ir por un sendero paralelo que podemos tomar antes de salir del pueblo de Kamo y que es mucho más entretenido, además tendremos la oportunidad de cruzarnos con gente de la zona (que son encantadores) y tardaremos unos 100 minutos. No obstante, aquí os dejo el mapa para que os orientéis:

¡FELIZ FIN DE SEMANA A TODOS!

Una guía improvisada que no deja de sonreir

Wudangshan
『Esta es la continuación de la historia que comencé en este post
de la semana pasada en la que hablo de mis aventuras durante
mi escapada a los Montes Wudang, en Hubei, China

Dejé las cosas en la habitación y volví a bajar rápidamente a la recepción del hotel, quería ver el atardecer desde el Lago Taiji y se me echaba el tiempo encima. Sabía que había un autobús para llegar al lago, pero no sabía dónde paraba, así que pregunté de nuevo a la recepcionista. Ella, que tan amablemente me había atendido antes (armada de paciencia), intentó indicarme el camino gesticulando, pero yo no lograba orientarme, ella me hizo entender que estaba sola y que no podía dejar la recepción, a todo esto los niños, que antes estaban jugando en el patio, miraban nuestra conversación (por llamarlo de alguna manera) boquiabiertos.

Wudang

Una de las niñas se aproximó, tiró de mi camiseta y me hizo señas para que la siguiera, los niños empezaron a correr alborotados, yo me despedí y les seguí, me llevaron hasta una parada de autobús a unos 300 metros del alojamiento, pude reconocer los ideogramas del lago en el itinerario de una de las líneas. Así que me acerqué a un puesto de bebidas y chucherías que había cerca y les indiqué con el brazo que eligieran lo que quisieran que yo les invitaba como agradecimiento. Cada uno eligió una bebida y volvieron al patio entusiasmados, yo tomé el autobus de línea hasta el lago y llegué justo cuando atardecía. Aún había gente bañándose en las aguas del lago mientras el sol se escondía, otros, desde la orilla, observaban el atardecer a mi lado.

Taichi Lake

Al volver del lago (esta vez volví en taxi) me encontré de nuevo a la recepcionista que salía del hotel, ya que su turno ya acababa. Hablamos un rato en nuestro “Chinglish acompañado de gestos” habitual, y finalmente nos fuimos a cenar juntos. Durante la cena, aunque nuestra conversación no era muy fluida, pude entender que al siguiente día no trabajaba en el hotel y que, como yo iba a salir bien temprano para ir a las montañas, que no seguramente no nos volviéramos a ver y que eso le causaba tristeza. Le respondí que no pasaba nada, que la gente que está destinada a quedarse en tu vida realmente nunca se va.

Cena Wudang

Tras decirle esto, dio un respingo y me preguntó que si tenía guía para ir a la montaña mañana, le dije que no, que ya me perdería yo por el monte… Así que ella me respondió que al ser local, no le cobraban entrada al parque y que, si me apetecía, que ella me acompañaba y me guiaba, que se lo conocía bastante bien. Por supuesto, le dije que, si no le importaba madrugar, que sería un placer que me guiara. Y ella respondió con una sonrisa de oreja a oreja. Me sentí muy afortunado, llegué aquí solo y algo perdido, y en ningún momento me he sentido extraño. Es más, ahora hasta tengo una guía improvisada que no deja de sonreir

Laughing
¡CONTINUARÁ!