El Japón rural (日本の田舎)

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Acabo de terminar de cenar. Últimamente, parece que no he sido muy consciente de las horas y el tiempo que nos suele dirigir en nuestra vida cotidiana… desde que hace unos días, decidí abandonar ese Japón de carton-pluma y neones, donde en muchas las calles casi se pueden ver más extranjeros que japoneses y decidí darme un tiempo de reflexión y retiro en el Japón rural (日本の田舎), ese de colores intensos, el del olor a té, el de los campos arados y el bambú… aquel en el que las casas van apareciendo entre el verdor y los caminos se abren entre los campos de arroz.

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He estado en el furusato (古里 – Significa la tierra natal de una persona o una familia ) de una amiga, en casa de su familia, una casa tradicional japonesa enorme, bastante antigua, de la cual os hablaré mañana, porque ha sido una experiencia única. Hacía tiempo que en Japón no me daba los buenos días una persona desconocida con la que te cruzabas en la calle, o se te acercaban a preguntarte de donde eres o qué haces por allí. Son cosas muy mundanas pero que de vivir mucho en ciudades japonesas te acabas olvidando.

Mirada Bondadosa

Muchas gente me pregunta que si quedan campos y sitios rurales en Japón, donde parece que el espacio brilla por su ausencia, y la respuesta es sí, y muchos. El problema es que la mayoría de la gente se concentra en las ciudades (por motivos económicos y laborales) y, las urbes, a su vez, se rodean de barrios residenciales y ciudades dormitorios, lo que hace que se formen grandes megalópolis con altas densidades de población y pocos espacios abiertos, pero fuera de estas concetranciones podemos encontrar lugares como estos (donde las abuelas te siguen dando más comida aunque insistas en que estés lleno…) 😛

Casa en la colina

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