Una guía improvisada que no deja de sonreir

Wudangshan
『Esta es la continuación de la historia que comencé en este post
de la semana pasada en la que hablo de mis aventuras durante
mi escapada a los Montes Wudang, en Hubei, China

Dejé las cosas en la habitación y volví a bajar rápidamente a la recepción del hotel, quería ver el atardecer desde el Lago Taiji y se me echaba el tiempo encima. Sabía que había un autobús para llegar al lago, pero no sabía dónde paraba, así que pregunté de nuevo a la recepcionista. Ella, que tan amablemente me había atendido antes (armada de paciencia), intentó indicarme el camino gesticulando, pero yo no lograba orientarme, ella me hizo entender que estaba sola y que no podía dejar la recepción, a todo esto los niños, que antes estaban jugando en el patio, miraban nuestra conversación (por llamarlo de alguna manera) boquiabiertos.

Wudang

Una de las niñas se aproximó, tiró de mi camiseta y me hizo señas para que la siguiera, los niños empezaron a correr alborotados, yo me despedí y les seguí, me llevaron hasta una parada de autobús a unos 300 metros del alojamiento, pude reconocer los ideogramas del lago en el itinerario de una de las líneas. Así que me acerqué a un puesto de bebidas y chucherías que había cerca y les indiqué con el brazo que eligieran lo que quisieran que yo les invitaba como agradecimiento. Cada uno eligió una bebida y volvieron al patio entusiasmados, yo tomé el autobus de línea hasta el lago y llegué justo cuando atardecía. Aún había gente bañándose en las aguas del lago mientras el sol se escondía, otros, desde la orilla, observaban el atardecer a mi lado.

Taichi Lake

Al volver del lago (esta vez volví en taxi) me encontré de nuevo a la recepcionista que salía del hotel, ya que su turno ya acababa. Hablamos un rato en nuestro “Chinglish acompañado de gestos” habitual, y finalmente nos fuimos a cenar juntos. Durante la cena, aunque nuestra conversación no era muy fluida, pude entender que al siguiente día no trabajaba en el hotel y que, como yo iba a salir bien temprano para ir a las montañas, que no seguramente no nos volviéramos a ver y que eso le causaba tristeza. Le respondí que no pasaba nada, que la gente que está destinada a quedarse en tu vida realmente nunca se va.

Cena Wudang

Tras decirle esto, dio un respingo y me preguntó que si tenía guía para ir a la montaña mañana, le dije que no, que ya me perdería yo por el monte… Así que ella me respondió que al ser local, no le cobraban entrada al parque y que, si me apetecía, que ella me acompañaba y me guiaba, que se lo conocía bastante bien. Por supuesto, le dije que, si no le importaba madrugar, que sería un placer que me guiara. Y ella respondió con una sonrisa de oreja a oreja. Me sentí muy afortunado, llegué aquí solo y algo perdido, y en ningún momento me he sentido extraño. Es más, ahora hasta tengo una guía improvisada que no deja de sonreir

Laughing
¡CONTINUARÁ!

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