Avistamiento de delfines en Bohol
Miércoles, 29 de Mayo de 2013
Hoy, como cada miércoles, hablo de mis aventuras fuera de Japón, y, como hace unas semanas os hablé de cómo llegamos a la isla de Bohol en nuestro viaje a Filipinas durante el año nuevo chino, hoy me gustaría retomar la historia y comentar una de nuestras expediciones por la isla. Ese día lo planificamos para visitar varias playas de la zona, y en nuestro hostal nos avisaron de que si madrugábamos, de camino a la isla de Balicasag (uno de los lugares que queríamos visitar) podríamos avistar delfines en su hábitat. Así que no nos lo pensamos dos veces y decidimos hacerlo de esa forma.
Tras un camino en coche hasta la costa, llegamos a la barca al amanecer, y tal y como nos prometieron, de camino a la isla pudimos ver los delfines muy de cerca. Siempre es bonito ver animales tan lindos, pero la sensación que me quedó fue un tanto agridulce. Las hileras de pequeñas embarcaciones en algunos casos perseguían y “acorralaban” a los delfines para que la gente pudiera verlos más claramente, y me dió la sensación de que, aunque estaban en su propio hábitat natural, no eran libres.
Si esto está sucediendo ahora que todavía este sitio no es tan popular como otros destinos turísticos de la zona, me dió por preguntarme que sucedería dentro de unos años, cuando empiece a estar masificado… ¿vosotros qué opináis?
La isla de Bohol
Jueves, 2 de Mayo de 2013
Aunque suelen ser los miércoles cuando hablo de mis aventuras fuera de Japón, como ayer fue festivo y anduve un poco perdido (los que me seguís, ya lo sabéis por mi Twitter), he decidido hacer una excepción y continuar hablando hoy de mis viajes por Filipinas, concretamente de la ruta que hice durante el último año nuevo chino. Hoy centraré mi artículo en la isla de Bohol, pero, para seguir un orden mínimamente cronológico, os comentaré, previamente aterrizamos en Manila y apenas pasamos una noche en la capital filipina ya que al día siguiente por la mañana tomamos un vuelo hacia Cebú.

Una turista china con mariposas sobre su cabeza
en un Butterfly garden de Bohol
Una vez allí tomamos un ferry hacia Tagbilaran, la capital boholana (hay vuelos directos a ella desde Manila pero buscamos en Momondo y vimos que, en ese época del año, se subían de presupuesto). Hay varios tipos de embarcaciones y nuestra idea era tomar una de las rápidas, que apenas tarda dos horas, pero debido a retrasos en los vuelos llegamos tarde para coger la última y tuvimos que tomar el barco nocturno, que tarda 5 horas, eso sí tienes la oportunidad de ir en cama a un precio módico, no obstante aún en el pasaje de primera clase viajábamos en un espacio diáfano que albergaba varias decenas de literas, es decir, compartimos “camarote” con un centenar de filipinos, tal y como comenté en esta foto de mi instagram.

Un grupo de niñas boholanas sonríe al vernos ataviados
con cámaras frente a la panadería de su barrio en Tagbilaran
La experiencia fue bastante curiosa, de hecho, conocí a un par de chicas filipinas en el viaje con las que aún tengo contacto, pero llegamos bastante tarde a Tagbilaran, y nos acostamos. Esta ciudad no es muy grande, pero es muy acogedora, merece destacar la simpatía de los boholanos, que me parecieron más alegres (incluso) que los filipinos de Manila o Palawan, así que fue el cuartel general ideal para nuestras excursiones por la isla. Posiblemente el lugar a visitar más popular sean las “Colinas de Chocolate“, denominadas así por su caprichosa forma y original color, pero que no es lo único que podemos disfrutar.
De hecho, si me preguntárais, me sería muy difícil concretar qué fue lo que más me gustó, porque esta isla tiene de todo: flora (desde zonas de espesa vegetación a playas paradisiacas), fauna (desde delfines hasta tarsier – en castellano, tarsero -, una especie de primate enano que se da en muy pocos lugares del planeta) e historia (catedrales, torreones, fortalezas y otros edificios coloniales). Ya os hablaré más detenidamente de cada cosa, pero de momento, espero que este artículo y las fotografías que lo acompañan, os haya servido para dejaros la miel en los labios.

El Tarsero es una especie muy especial de primate que se dá en esta isla

Una de las fabulosas playas de Panglao
Cómo ir de Puerto Princesa a El Nido
Miércoles, 6 de Marzo de 2013
Hoy, como cada miércoles, “escapamos” de Japón para hablar de otros destinos. Esta vez de unos los rincones que más popularidad están ganando en Filipinas: El Nido, en la zona norte de la isla de Palawan, cuya capital es Puerto Princesa y, precisamente, hoy hablaré de las opciones que tenemos para ir de Puerto Princesa a El Nido. Yo, cuando estuve allí la última vez, probé una modalidad a la ida y otra a la vuelta, así que estos casos los comentaré desde mi punto de vista personal.
Me gustaría aclarar que, aunque yo solo hablaré en este post de las opciones para llegar desde Puerto Princesa, es decir, por tierra (que quizá sea la forma más económica), se puede llegar a El Nido directamente desde otras islas también por mar (desde Corón o desde la capital del país, con compañías como Atienza Shipping Lines o San Nicolas, por ejemplo) y o por aire, directamente en avioneta (por ejemplo, desde aeropuertos como el de Cebú o el de Manila), opción que escogió mi buen amigo Alberto:
Desde Puerto Princesa, solo se puede llegar por tierra y se tienen dos opciones principales: las furgonetas y el bus de línea. Cuando lleguemos al aeropuerto de Puerto Princesa, los servicios privados que pululan por la zona nos empezarán a intentar convencer de que vayamos en furgoneta con todo tipo de estratagemas (y algunos embustes): que si es más cómodo, que si salen antes, que si tardan la mitad, que si el precio apenas cambia… y esta es una de las razones que me llevaron a escribir este post. No os dejéis engañar, yo fui en furgoneta y volví en autobús y he aquí mi reflexión:
A. LAS FURGONETAS: Aunque te digan lo contrario, las furgonetas privadas no salen constantemente, salen cuando se llenan y normalmente justo después de aterrizados los vuelos, es decir, que si no la coges inmediatamente, después te toca esperar unas horas. Los precios rondan los 600 o 700 pesos por persona (hágase click sobre las cantidades para calcular el cambio actual en Euros) y suelen ir 9-10 personas. Vas apretado, ya que las furgonetas van llenas (incluso los asientos plegables) y encima hay que transportar el equipaje de todas esas personas. Para colmo, solo unos pocos tienen acceso al control del aire acondicionado, el techo es bajo (no olvidemos que es una furgoneta) y los respaldos son bastante incómodos. El trayecto dura algo más de 5 horas.
B. LOS BUSES: En un principio puede dar más pereza tomarlos porque desde el aeropuerto tienes que ir a la terminal de San José, pero yo, personalmente, es la opción que cogería. Los precios son de 250pesos los buses sin aire acondicionado y de 483pesos (por persona) los que van con aire acondicionado, pero, más allá de la diferencia económica, el viaje no tiene comparación. Para empezar, nadie te acosa ni te intenta “vender la moto” (bueno la furgoneta en este caso) muchas veces falsificando datos o exagerándolos. Las malestas van abajo (no molestan), los asientos son cómodos (y reclinables), el techo está mucho más alto, tienes el control del aire acondicionado sobre tu plaza y (en la mayoría de los casos) el autobús va prácticamente vacío por lo que tienes bastante espacio, (yo fui en dos asientos para mí solo). Y, además… ¡te ponen pelis! XD

El trayecto en autobús es de unas 6 horas, por lo que, en realidad, solo tarda 45-60minutos más que la furgoneta y tras haber realizado un viaje mucho más placentero y, encima, más barato. Por supuesto, esto es solo mi opinión (habiendo tenido la experiencia de ambas modalidades), pero me encantaría conocer vuestro punto de vista u otras experiencias que podáis aportar. Por cierto, no olvidéis sacar dinero con antelación que ¡¡en El Nido no hay cajeros!!
De nuevo a Filipinas
Miércoles, 6 de Febrero de 2013
Como ya sabéis, los post de los miércoles están reservados a mis aventuras fuera de Japón. Así que… ¡qué mejor día que hoy para compartir con vosotros mis planes para mis vacaciones de año nuevo chino! (que comienzan mañana). Creo que tras haber leído el título no queda mucho que decir, efectivamente, viajo de nuevo a Filipinas. En este mapa podéis ver el recorrido que tengo planeado para los próximos 10 días:
Pulsa sobre el mapa para verlo en grande.
Desde Manila, iremos a Cebú (y visitaremos Bohol) y después volaremos a Puerto Princesa para, desde allí, desplazarnos para conocer El Nido. Tengo muchas ganas de volver, ya que he estado un año sin pisar Filipinas, la tierra de las sonrisas, desde que estuve en Puerto Galera, pasando en White Beach la nochevieja de 2011 y dando la bienvenida al 2012 con mis amigos Pablo Ientile y Pak Muñoz.
Para terminar, os dejo un pequeño vídeo que grabé otra de las veces que fui al archipiélago filipino y me refugié en una isla perdida de la bahía de Davao. Así entenderéis mejor la causa que me lleva a querer regresar con tantas ganas.
Puerto Galera (Filipinas)
Jueves, 15 de Marzo de 2012
Ya se que son los miércoles cuando suelo hablar de mis aventuras fuera de Japón, pero como ayer, 14 de Marzo, fue un día especial: el White Day, esperé al jueves (de forma excepcional) para hablaros de Puerto Galera, en la zona norte de la isla de Mindoro, en Filipinas. Un lugar para disfrutar de la playa ideal para una escapada desde la capital entre colores y sonrisas.
Si es cierto que en Filipinas hay islas perdidas paradisiacas y otros lugares más adecuados para realizar actividades náuticas, este lugar, me parece una gran alternativa si quieres ahorrarte muchas horas de transporte o el coste de coger aviones desde Manila. Para llegar hasta Puerto Galera, nos basta con coger un bus desde la capital hasta el puerto de Batangas (unas 2 horas dependiendo de cómo esté el tráfico) y luego una embarcación que dura otras 2 horas aproximadamente.
En el lugar podemos encontrar varias playas (Coco, La Laguna, Tamaraw…), pero los barcos suelen para en las dos principales : White Beach y Sabang Beach. Yo, de estas dos, personalmente, prefiero la primera, pasé esta nochevieja en White Beach con mis amigos Pak Muñoz y Pablo Ientile y nos lo pasamos en grande. La otra, Sabang, me pareció más un barrio rojo junto a una playa que otra cosa, aunque también se pueden realizar actividades en ella.
Se puede viajar entre unas playas y otras mediante un servicio de autobuses (bastante escaso) que hay durante el día o negociando en cualquier momento (hasta altas horas de la noche) con los conductores de motocicletas con sidecar que viven en la zona. También, tal y como me recuerda Chiqui, se pueden fletar barcas para ir a playas inaccesibles por tierra. Respecto al alojamiento, se pueden encontrar precios muy baratos incluso a primera línea de playa, podéis negociar directamente al llegar allí o reservarlos con cierta antelación por internet en páginas del estilo HostelBookers.
Si viajáis en familia, White Beach puede ser una posibilidad, cuando fuimos había bastantes familias (aunque la mayoría de otras zonas de Filipinas) y el ambiente era muy seguro y amistoso. Cuando estuvimos allí: había gente de todos los lugares:Japón, Corea del Sur, Oriente Medio, Europa… y había bastante buen rollo, al cabo de unos días casi todo el mundo conocía a “los tres españoles” (aunque, realmente, uno de nosotros es argentino) y nos iban saludando al pasar.
La verdad es que me encantó estar allí, aunque eché de menos un poco más de variedad gastronómica (solo había marisco y fritanga), las horas se consumían entre horizontes llenos de color, susurros de un mar tranquilo y la seducción de una brisa que intentaba hacer que te olvidaras del calor. Nunca había pasado un fín de año lejos de casa tan cálido y la verdad es que me encantó la experiencia.
En conclusión, aunque no es el mejor lugar para hacer buceo u otras actividades náuticas, ni de las playas más paradisiacas que nos puede ofrecer Filipinas, me parece una alternativa cómoda y económica desde Manila para pasar unos días tranquilos de playa y disfrutando de preciosos atardeceres.
Nochevieja en White Beach
Miércoles, 11 de Enero de 2012
Después de una semana de inactividad bloguera, vuelvo con la crónica de cómo fue para mí fín de año. Hacía tiempo que tenía ganas de pasarlo en un ambiente playero y cálido, y aprovechando que otros amigos viajeros iban a estar la zona, decidimos organizarnos para pasar la nochevieja en White Beach, en Puerto Galera, un lugar de Filipinas del que ya os hablaré más adelante.
Allí coincidimos con pequeños grupos de gente de diferentes países, aunque los más numerosos eran los coreanos que vinieron en un viaje organizado por la universidad para pasar la nochevieja y se contaban por decenas. En la foto superior estoy con algunas de las chicas coreanas que conocimos. Bajo estas líneas estamos los 3 viajeros que nos juntamos allí, de izquierda a derecha, Pablo Ientile (ilustrador argentino afincado en Europa que ahora está recorriendo Asia en su proyecto “illustration around the world“, y que vino desde Taiwán), Pak Muñoz (amigo de mi Madrid natal, que es un viajero empedernido y que llegaba de Tailandia para quedarse por aquí unos meses) y, el último, yo… el despeinado.
Allí pasamos unos días estupendos, disfrutando del lugar, conociéndonos mejor, compartiendo cervezas, risas, diferentes puntos de vista y experiencias viajeras, no sabíamos muy bien lo que nos encontraríamos en nochevieja…y simplemente la dejamos llegar y llamar a la puerta. La tarde pasó tranquila, disfrutamos de un maravilloso atardecer, el último de 2011, y cenamos relativamente pronto (básicamente cuando nos entró hambre).
Por la noche, este tranquilo lugar se transforma. No se si es así durante todo el año o fue solo el ambiente internacional que esperaba la llegada del nuevo año, pero con el crepúsculo, las embarcaciones se rindieron al sueño en la arena, mientras que los locales en la playa, encendían todas las luces, servían comida y bebida por doquier al ritmo de una música cuyos altos decibelios no dejaba escuchar el susurro del mar que apenas estaba a unos metros.
Según se iba acercando la medianoche, nos aproximamos al mar, muchos abandonamos las carpas y los locales y nos amontonamos mirando nuestros móviles y relojes, en la húmeda arena. Sonó una alarma…”¿Ya? ¡Según mi reloj queda un minuto!”… “Según el mío 40 segundos”… muchos ya se estaban abrazando y daban saltos…”¡pero qué mas da!”, estaba tan acostumbrado a un año nuevo con cuartos, campanadas y tanta sincronización que este año nuevo de frontera difusa me había desconcertado. ¡Feliz año nuevo! gritamos… y abrazamos a desconocidos… y gritamos en todos los idiomas que conocíamos y algunos otros que solo el alcohol de esa noche nos dejó conocer… ¡Feliz año nuevo a todos!
Algunas bengalas, sobre la arena, se aliaron con petardos y cohetes, para dar luz entre los gritos de buenos deseos… luego llegó la euforia, los bailes llenos de sudor a quemarropa, las eternas charlas con desconocidos que no lo serían nunca más y el fuego de las cariocas… el resto, supongo que no se diferencia mucho de cualquier nochevieja fiestera que hayáis vivido vosotros, así que no hace falta que lo cuente… mis mejores deseos para todos en este 2012…

Este tío era un artista, aquí podéis verle más de cerca


















































