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En el nuevo Shinkansen E7

Shinkansen e7

Como ya sabéis, los trenes japoneses me encantan y cuando sale un nuevo modelo de tren no me basta con leer o escribir sobre él (un copiar/pegar de una ficha técnica está bien, pero no me llena). Yo necesito probarlo personalmente y contar una experiencia de primera mano. Así que, como ya hice con el servicio Sakura o los shinkansen de la serie e5, hoy voy hablar del nuevo Shinkansen e7 series.

Shinkansen e7

Este modelo empezó a circular el 15 de Marzo de este año (2014) realizando el servicio Asama entre Tokyo y Nagano. Yo tuve la oportunidad de utilizarlo este verano (cuando apenas llevaba unos pocos meses en circulación) para hacerme una de mis habituales escapadas. Se supone que en 2015 empezará a cumplir otros servicios entre la capital nipona y Kanazawa, pero de ellos ya hablaré cuando los pruebe.

Shinkansen e7 ASAMA 515

Lo que más me gusto inicialmente fue su aspecto exterior (lo había visto en imágenes, pero en verlo vivo es otra cosa): los colores externos rompen con la línea que venían llevando las series anteriores y, en mi opinión, este diseño es más atractivo porque tiene un toque más futurista. El interior, en cambio, no me sorprendió tanto, me recordó mucho al del Shinkansen e5 series que, al igual que éste, cuenta con 3 clases, la turista, la Green class y la Gran class (que sería la de máxima categoría).

Shinkansen e7 Seats 1

La fotografías que hay junto a estas líneas muestran los asientos de la clase turista. El tren en el que yo monté tenía 12 vagones, 10 eran para esta clase, y luego había un solo vagón para Green y otro vagón para Gran Class, cuyo interior puede verse pulsando aquí. En esta otra foto (también de clase turista), si os fijáis bien, se ven los enchufes que hay en el zócalo que hay junto a los pies, como ya pasaba en otros modelos más antiguos de Shinkansen (para mí, este detalle es muy importante).

Shinkansen e7 Seats 2

Los vestíbulos tienen todos cámaras de seguridad y están diseñados en formas redondeadas pero con colores y diseños austeros. En ellos se albergan los baños y unos lavabos con sensores para el agua, el jabón y el aire caliente para secar, acompañados por un espejo. Aunque, en mi opinión, lo más destacable de estos espacios es su amplitud, especialmente este, que es el que está entre los dos coches de clases superiores:

Interior Shinkansen e7 1

Pero puestos a hablar de amplitud, me gusta mucho la tendencia de los últimos diseños de shinkansen de hacer los servicios muy cómodos y enormes para que también puedan ser utilizados por personas de movilidad reducida. Otro detallazo es el enorme espejo que te ponen al fondo de los mismos, así sales totalmente “como nuevo” por fuera y por dentro jajaja. Aquí podéis ver cómo son los baños de uno de los vestíbulos de clase turista:

Shinkansen e7 Toilets (open)

Sé que muchos preguntaréis el que por qué hay tantos tipos diferentes de trenes de alta velocidad en Japón y bueno, hay muchas razones para esto: cada tipo de vía tiene necesidades diferentes (sobre todo para adaptarse a la alta velocidad), hay modelos que se van quedando obsoletos (no olvidemos que el shinkansen ha cumplido ya 50 años), también cada fabricante (aunque, en la mayoría de los casos, diferentes compañías niponas trabajan juntas) tiene su modelo predilecto… pero lo que está claro es que en el país del sol naciente la cultura ferroviaria es diferente a la del resto del mundo. (y eso que en España también tenemos un largo recorrido en cuanto al ferrocarril se refiere).

Shinkansen e7 ladies

No me gusta que me digan Sayonara

LABIOS

Las puertas del vagón se volvían a cerrar. El tren que nos llevaba de Kyoto a la vecina Osaka seguía su marcha. Había bastante gente (la gran mayoría, jóvenes) pero yo estaba sentado y no prestaba mucha atención. Había bebido algo de vodka con un amigo antes de montarme, aún podía sentir partículas aromáticas de la bebida emanando de entre mis labios, pero no eran lo suficientemente fuertes como para combatir el característico olor de los vagones de la línea Hankyu. Me gusta coger esta línea, es económica, hay pocos turistas y para mí siempre estará rodeada de cierta melancolía, ya que es la que tomaba cuando empecé a vivir aquí y tenía que moverme a cualquier punto de Osaka desde el campus de Minoh.

No-No-chan tímida

Cuando el tren paró en la siguiente estación, la mujer que estaba a mi lado se levantó de su asiento para apearse y en su lugar se sentó una chica joven, aunque no pude definir su edad. Llevaba la cara oculta tras una amplia mascarilla y su cabello apenas me dejaba distinguir dos vivarachos ojos, así que era difícil saber de qué edad sería, pero yo apostaba que no mas de veinte. Ella, al percatarse de mi escrutinio, sonrió. Pude saber que sonreía por que sus ojillos se cerraban aún más y ella acompañaba el gesto con un breve movimiento de cabeza, ejecutado de una forma tan sutil (pero espontánea) que dejaba claro que era una reverencia y no una señal de asentimiento.

El que espera, desespera

Mi móvil comenzó a vibrar en el bolsillo (en Japón siempre lo llevo sin sonido) miré quien llamaba, acepté la llamada y, en voz muy baja, dije brevemente que estaba en el tren y que luego volvería a llamar:”Ima densha no naka, ato de denwa shimasu ne!”(今電車の中。後で電話しますね!). Esto se hace por que aquí es de mala educación hablar por teléfono en el transporte público (aunque hay gente que lo hace, pero la mayoría de los nipones, si lo cogen, es para decir que luego llamarán y cuelgan rápidamente como hice yo). El caso es que la chica de al lado me escuchó hablar japonés y me dijo una de las tres frases que más escuchará un expatriado en Japón a lo largo de su vida:

Ayako chan found something !

“Nihongo jouzu ne!!”(日本語上手ね!) algo así como un “¡Qué bien hablas japonés!”. Las otras dos son “O-hashi jouzu ne!!”(お箸上手ね!) que significa “¡Que bien comes con palillos!” y la última es “Kakkoii!”(かっこいい)” que significa “¡Que guapo!” o “¡Que chulo!”. No me malinterpretéis, no digo que no guste el escucharlas… al fin y al cabo es un halago, al principio hace mucha ilusión (sobretodo la primera o la última), pero cuando después de un tiempo oyes que durante años te las dicen diferentes personas con el mismo tono, de la misma forma y cuando ni estás guapo, ni has hablado más allá de un “¡gracias!”, ni has empezado a comer con los palillos, entiendes que realmente no significan nada, simplemente es una forma de iniciar una conversación con un extranjero haciendo que se sienta bien.

DSC_5055

Como la chica se había sorprendido de que hablara japonés, respondí comentándola que ya llevaba muchos años en Japón, que había estudiado en tal y cual universidades, que había trabajado para tal y cual empresas y, así, como quien no quiere la cosa acabamos hablando de nuestras vidas… El tren llego a Umeda, final del trayecto, y allí nuestros caminos se separaban, antes de pasar la máquina de control de billetes y, con una distancia prudencial, ella se paró frente a mi y me dijo que le sorprendía el haber tenido una conversación en japonés tan larga con un extranjero, que era la primera vez que le pasaba, que iba a estudiar inglés con mucho más esfuerzo ahora que me había conocido y que esperaba algún día hablar un idioma extranjero como yo hablaba japonés. Esta vez sí que pude notar total sinceridad en sus palabras.

Yo te hice la foto antes

Yo insistí en que aún me quedaba mucho por aprender, que era un idioma muy difícil y que no se impresionara, que al fin y al cabo, solo había sido un japonés “nivel conversación de tren” (sus ojillos volvieron a entrecerrarse delatando una nueva sonrisa bajo su mascarilla). Acompañé mis palabras de agradecimiento con una reverencia, ella me respondió con otra. Antes de darse media vuelta e irse me dijo “Jaa, mata kondo ne!”(じゃあまた今度ね), algo así como un “¡Hasta la próxima!”, respondí “mata ne”(que se podría traducir como “nos vemos” o “hasta pronto”) y esta vez fui yo quien sonrió. Me encanta la gente que se despide sabiendo que, por muy grande que sea el mundo te volverá a encontrar. En cambio, no me gusta que me digan Sayonara, aunque sea por mera formalidad.

12 fotos, 12 meses, 2014

Casi sin darnos cuenta, ya estamos en el último mes del año, apenas quedan 3 semanas para que llegue al 2015 y, tal y como hice en 2011, 2012 y 2013. Voy a resumir también este año en 12 fotografías, una por cada mes:

知床

ENERO: Comencé el año volviendo a Japón, donde comenzaría la Operación Hokkaido, que me llevaría a conocer la zona más fría del país nipón desde su capital, Sapporo, hasta el Shiretoko. Una aventura en la que me bañé en onsen rodeados de hielo y en la que descubrí paisajes impresionantes.

露天風呂

FEBRERO: En febrero terminé mi ruta por Hokkaido y comencé una ruta por Shikoku y Kyushu, en una búsqueda de los mejores onsen y rotemburo, algunos tan conocidos como Dōgo Onsen y otros perdidos en la montaña que ni siquiera vienen en las guías a los que hay que acceder haciendo una buena caminata.

Yukata 6

MARZO: En Marzo dejé de viajar por Japón durante unas semanas y volví a Osaka. Aproveché esos días para retomar otros proyectos personales, como las sesiones fotográficas con modelos japonesas. También me preparé para la temporada alta de mis guías por Japón, ya que empezaría ahora y no pararía hasta el final del verano.

Hanami 2014 Fukuoka

ABRIL: Este mes, como ya viene siendo costumbre, es el de los Hanami (la celebración del florecimiento del cerezo). Aunque ya a finales de Marzo asistí a alguno que otro, Abril es el mes fuerte, esta foto es concretamente de uno que hicimos en Fukuoka.

Tokyo views from Mori Tower

MAYO: Debido a mis idas y venidas por el país con grupos de viajeros, el mes de Mayo lo pasé mayormente en Tokyo. Así que aproveché para disfrutar de la capital nipona como hacía tiempo que no lo hacía: visité el hotel donde se rodó Lost in Translation, asistí al Sanja Matsuri de Asakusa y subí a la Torre Mori, en Roppongi Hills (desde cuyo mirador fue tomada la fotografía).

ペニスコラ

JUNIO: Tras unos pocos días (al principio del mes) que pasé en Hong Kong, volví a mi país natal y estuve disfrutando España, ya sabéis, aprovechando para quedar con familiares y amigos y dándome algún que otro homenaje al cuerpo con la comida española. :)

NoPasaNadismo

JULIO: Estando en España surgieron nuevos proyectos laborales, por lo que mi estancia tuvo que prolongarse más de lo esperado. Eso sí, también aproveché para hacerme un buen viajecito por Andalucía. A finales del mes de volví a Japón a seguir trabajando en mis guías turísticas.

Ehime

AGOSTO: Durante el mes de Agosto, entre guía y guía, aproveché para disfrutar de algunas playas japonesas con mis amigos, entre ellas las de Shirahama y algunas playas nuevas que descubrí en Ehime, una prefectura del norte de Shikoku de la que también pude visitar el interior y que me sorprendió gratamente.

高野山 (iPhone5)

SEPTIEMBRE: En Septiembre el volumen de trabajo creció bastante (es curioso ver como, cada vez, más gente viaja en este mes en vez de en Agosto) y apenas tuve tiempo de nada más. El trabajo de guía es muy gratificante, pero apenas te deja tiempo para uno mismo. Esta foto la hicimos durante una de nuestras visitas al Monte Koya.

Beihai Park (iPhone5)

OCTUBRE: A partir de Octubre comencé a viajar de nuevo por placer después de varios meses de duro trabajo. Volví a China, concretamente a Beijing, su capital. Hacía años que no venía a esta ciudad, así que para mi fue un gran reencuentro. Tras ello, volví a pasar por Madrid antes de emprender mi siguiente viaje:

Flapy Mahal

NOVIEMBRE: Ha sido un mes claramente marcado por mi viaje a India, un país que no había despertado mi interés hasta que conocí a Carmen, ella me habló de forma tan inspiradora de él que le dije: “Si algún día viajo a India, será contigo”, y así fue. Además, también me pude reencontrar en Varanasi con una vieja amiga que tiene una ONG allí: Semilla para el cambio.

Navidad en Madrid
Fotografía de mi amigo Javier Hernández

DICIEMBRE: Y, finalmente, llegamos a Diciembre. Tras mis viajes, he vuelto a España para estar más tranquilo con familiares y amigos y prepararme para hacer frente a los nuevos proyectos que se presentan en 2015 (ya os hablaré de ellos más adelante). ;)

Estas han sido mis 12 fotos para los 12 meses de 2014. Espero que os hayan gustado.

Liándola en India

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Desde hace unos días estoy liándola en la India, los que me seguís en mi Twitter o mi instagram, ya lo sabéis. El caso es que, debido a que estaré disfrutando de estas merecidas vacaciones, no actualizaré el blog durante un par de semanas, así que os dejaré algunos links por si acaso os pudieran ser útiles durante mi ausencia.

– Si tienes dudas generales sobre Japón como, por ejemplo, cómo venir a trabajar aquí o información sobre becas, o venir a estudiar a una academia de japonés, no dudes en visitar la sección de preguntas frecuentes.
– Si buscas un guía en español para tu viaje al país del sol naciente pulsa aquí, si solo buscabas ideas para como diseñar tu viaje, aquí propongo algunos itinerarios.
– Si te sientes atraído por la cantidad de comidas y bebidas originales que me he encontrado durante mis viajes te recomiendo esta sección.
– Si estás interesado en el idioma japonés, te recomiendo el canal de Japoneando para aprender desde cero, aunque quizá te interese esta pequeña lista de libros y webs para aprender japonés.
– Si buscas información sobre destinos de Asia oriental o sudeste asiático prueba con China, Corea, Singapur, Vietnam, Taiwan, Tailandia, Malasia o Filipinas.
– Si lo que te gusta es la fotografía, no dudes en pasarte por el fotolog.

¡¡ FELIZ SEMANA A TODOS !!

El relato de las sensaciones

El relato de las sensaciones

Hoy, como es miércoles, hablaré de mis aventuras fuera de Japón. Continuaré con la historia de mi escapada a los Montes Wudang, en Hubei, China, cuyo capítulo anterior podéis leer en este post. Esa mañana me levanté muy temprano, desayuné fuerte y salí del hotel con la intención de hacer un recorrido de un día por los montes. Al torcer la esquina donde me despedí de la chica del tren, vi aparecer a Lucy (el nombre inglés de la chica que estaba en la recepción la tarde anterior y que hoy sería mi guía).

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No pude evitar esbozar una sonrisa cuando la vi llegar. Nos dimos los buenos días y nos preguntamos casi a la vez si habíamos desayunado (ambos habíamos comido ya). Tomamos un bus de línea y nuestra conversación se fue apagando debido al sueño. Aunque yo era el (supuestamente) más interesado en hacer esta visita, ella estaba mucho más despejada y animada que yo (que me limitaba a permanecer despierto). Llegamos al final de la línea y andamos un tramo hasta llegar a la entrada. La primera impresión fue un poco extraña, me encontré con unas edificaciones modernas, imitando la arquitectura antigua, muchas aún a medias de construir, con enormes espacios vacíos que seguramente se convertirían en un futuro cercano en cafeterías, tiendas y puestos de souvenirs (véase imagen sobre este párrafo). Se ve que quieren montar un circo turístico aquí, y me alegro de no haberlo visto así todavía, aunque lo ideal hubiera sido llegar hace un lustro, que seguro que no había nada de esto.

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Comenzamos a subir el monte Zhanqifeng, pasamos por el templo de la Nube Púrpura y continuamos la ascensión. Lucy me iba explicando los detalles que ella conocía del lugar, pero yo le preguntaba a ella, sobre su familia y sus costumbres. Después de haber vivido durante meses en una ciudad grande de China como es Guangzhou, sentía curiosidad de saber de primera mano cómo era la vida de una chica de apenas 20 años de un pueblo del interior. Pero lo más increíble fue que hacía menos de 24 horas no podíamos entendernos y nos costaba expresar ideas simples y en ese momento parecía que podíamos hablar de cualquier cosa. ¡Cuán curiosas son las relaciones humanas!

Montañas Wudang

Llegamos hasta arriba del todo, vimos como los grandes grupos de turistas chinos identificados por pegatinas de colores (y liderados de guías armados con banderitas) iban ocupando las zonas que apenas media hora antes acabábamos de pisar. Durante el ascenso vimos paisajes mágicos, pero os hablaré de ellos en una entrada dedicada exclusivamente a la belleza y la historia de este lugar. Hoy simplemente quiero acabar el relato de las sensaciones que me recordaron quién era, por qué amaba viajar y qué había venido a buscar allí. Aunque yo no me había dado cuenta todavía, no había venido a buscar una experiencia, una fotografía o un paisaje, ni siquiera un templo, un resto arqueológico o los vestigios de una antigua dinastía. Había venido a encontrarme a mí mismo y a recordarme que por mucho que haya andado, aún me quedaba mucho por caminar…

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Llevando la contraria a la metáfora, iniciamos el descenso. Yo quería explorar más caminos que antes no habíamos tomado y fuimos haciendo otras combinaciones en nuestro regreso. El camino se alargaba, pero ya había llegado la tarde y el hambre apretaba. Habíamos tomado algunas frutas y dulces a lo largo de la mañana para matar el hambre y asegurarnos la energía de los azúcares, ya que en un alarde de ingeniería, en vez de permitir la ascensión por un camino en cuesta, la misma se realizaba mediante un número de escalones que podía contarse por millares (y no es una exageración). Lucy, que al principio de la jornada se atrevió a fanfarronear de que ella estaba acostumbrada a esta montaña (ya que la había visitado desde niña), no me decía nada pero yo podía leer en su cara el cansancio, además que dejó de iniciar las conversaciones, síntoma inequívoco de que ya necesitábamos pararnos. Nos sentamos a comer en un puesto al borde de uno de los caminos que atravesaban el bosque. Yo apenas comí (algo extraño en mí, pues soy algo glotón) pero ella lo hizo con ganas.

Comiendo con Lucy

Tras la comida, continuamos el camino de retorno con un paso mucho más relajado. Ella me confesó que estaba muy cansada y que no entendía muy bien que yo hubiera venido desde tan lejos solo para tomar fotos. Normalmente los extranjeros iban hasta allí para quedarse varios días pernoctando en los templos y practicando taichí o artes marciales. Yo le hablé de mi país y le enseñé fotografías y ella me dijo que también iría hasta España a tomar fotos y que así me entendería. Me habló de sus sueños y ambiciones, y entre los más diversos temas se nos escaparon las horas. Llegamos al pueblo de nuevo cuando el sol ya comenzaba a caer. Me despedí con un abrazo (y digo “me” porque fue iniciativa mía) y con un millón de gracias. Ella tardó en reaccionar, nunca había recibido un abrazo de una persona que había conocido hacía 24 horas y me confesó que otra chica en su caso se podría haber sentido ofendida. Tras ello, me abrazó ella a mí, esta vez motu proprio y me hizo prometer que volvería a verla y que si ella venía a España sería yo el que haría de guía. Le ofrecí mi meñique como garantía y ella lo rodeó con el suyo antes de despedirse y desaparecer por una de las callejuelas, eso si, sin dejar de mover el brazo en señal de despedida hasta perder el contacto visual.

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Yo volví al hotel, nada más llegar me duché y me cambié, realmente lo necesitaba. Como apenas había comido, decidí salir a merendar algo antes de que atardeciera del todo, pero en ese momento llamaron a la puerta de la habitación. Miré por la mirilla y vi que eran los niños que conocí el primer día que, como sabían que me iba temprano al día siguiente y no podrían verme, venían a despedirse ¿que detallazo, verdad?. Al abrir la puerta un poco, entraron todos en tropel a ver cómo era la habitación… no, no hablo de asomarse… ¡si no de entrar hasta el fondo!… fue muy gracioso. Antes de irnos todos juntos a merendar les hice esta foto, imagen con la que cierro esta historia… una historia que versa de compañeras de un viaje de tren, de pequeños amigos que no hablan tu idioma y de guías improvisadas que no dejan de sonreir… ¡Ah! y de montañas… también habla de montañas… ;)

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Una guía improvisada que no deja de sonreir

Wudangshan
『Esta es la continuación de la historia que comencé en este post
de la semana pasada en la que hablo de mis aventuras durante
mi escapada a los Montes Wudang, en Hubei, China

Dejé las cosas en la habitación y volví a bajar rápidamente a la recepción del hotel, quería ver el atardecer desde el Lago Taiji y se me echaba el tiempo encima. Sabía que había un autobús para llegar al lago, pero no sabía dónde paraba, así que pregunté de nuevo a la recepcionista. Ella, que tan amablemente me había atendido antes (armada de paciencia), intentó indicarme el camino gesticulando, pero yo no lograba orientarme, ella me hizo entender que estaba sola y que no podía dejar la recepción, a todo esto los niños, que antes estaban jugando en el patio, miraban nuestra conversación (por llamarlo de alguna manera) boquiabiertos.

Wudang

Una de las niñas se aproximó, tiró de mi camiseta y me hizo señas para que la siguiera, los niños empezaron a correr alborotados, yo me despedí y les seguí, me llevaron hasta una parada de autobús a unos 300 metros del alojamiento, pude reconocer los ideogramas del lago en el itinerario de una de las líneas. Así que me acerqué a un puesto de bebidas y chucherías que había cerca y les indiqué con el brazo que eligieran lo que quisieran que yo les invitaba como agradecimiento. Cada uno eligió una bebida y volvieron al patio entusiasmados, yo tomé el autobus de línea hasta el lago y llegué justo cuando atardecía. Aún había gente bañándose en las aguas del lago mientras el sol se escondía, otros, desde la orilla, observaban el atardecer a mi lado.

Taichi Lake

Al volver del lago (esta vez volví en taxi) me encontré de nuevo a la recepcionista que salía del hotel, ya que su turno ya acababa. Hablamos un rato en nuestro “Chinglish acompañado de gestos” habitual, y finalmente nos fuimos a cenar juntos. Durante la cena, aunque nuestra conversación no era muy fluida, pude entender que al siguiente día no trabajaba en el hotel y que, como yo iba a salir bien temprano para ir a las montañas, que no seguramente no nos volviéramos a ver y que eso le causaba tristeza. Le respondí que no pasaba nada, que la gente que está destinada a quedarse en tu vida realmente nunca se va.

Cena Wudang

Tras decirle esto, dio un respingo y me preguntó que si tenía guía para ir a la montaña mañana, le dije que no, que ya me perdería yo por el monte… Así que ella me respondió que al ser local, no le cobraban entrada al parque y que, si me apetecía, que ella me acompañaba y me guiaba, que se lo conocía bastante bien. Por supuesto, le dije que, si no le importaba madrugar, que sería un placer que me guiara. Y ella respondió con una sonrisa de oreja a oreja. Me sentí muy afortunado, llegué aquí solo y algo perdido, y en ningún momento me he sentido extraño. Es más, ahora hasta tengo una guía improvisada que no deja de sonreir

Laughing
¡CONTINUARÁ!