Nostalgia (郷愁)

Universidad de Osaka Campus de Minoh

El otro día, después de mucho tiempo, volví a pasar por el Campus de Minoh de la universidad de Osaka, lo que antes era Osaka Gai-Dai, el campus que me vio llegar a Japón sin saber nada del idioma, aturdido por un largo viaje y que fue mi hogar durante mis primeros 6 meses aquí, meses que me sirvieron de adaptación y cambiarían mi vida para siempre. En estas aulas tuve mis primeras clases de japonés y los pasillos de los dormitorios aún guardan mis más profundos secretos junto con los de generaciones de estudiantes que hicieron cómplices a estos muros de sus besos furtivos.

学生宿舎一号館

Aunque había quedado en el comedor principal del campus, no pude evitar pasarme por el «Ichi go kan», el dormitorio de estudiantes que fue mi casa hasta que me mudé a Nara. Aquí fue donde aprendí el hiragana y el katakana y donde surgió la semilla de lo que luego sería Japoneando. Cuántas veces me esperó llegar este edificio esas frías mañanas de invierno en las que volvía de marcha… Cuantas veces reí y lloré en su interior… cuántas palabras prohibidas se han susurrado en su habitaciones… Sus pasillos y salones, escenarios de amores y desamores, risas y llantos y detonante de amistades que todavía perduran a pesar de la lejanía.

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Volví a sentir una terrible sensación, que solo había sentido una vez antes: cuando volví a visitar la universidad de Southampton en 2004, tres años después de haber acabado mi estancia Erasmus allí… sentí que un campus que antes era colorido y lleno de gente ahora era gris y moribundo, pero no era así… el campus seguía igual, era yo el que había cambiado, ya no era mi sitio: ya no me conocía nadie, no me paraba a saludar o a hablar cada vez que me cruzaba con alguien en el camino al comedor… tanto en ese momento como cuando estuve en Southampton, me pregunté si había sido correcto volver o hubiera sido mejor haber dejado la imagen de este lugar que mis recuerdos habían dibujado.

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Finalmente fui al comedor, allí me dispuse a esperar a Shiho, y Gonzalo, las personas con las que había quedado. Llegué pronto, entré y levanté la vista…y, en un lugar donde antes habría conocido a bastante de los presentes, me di cuenta que no conocía a nadie… hasta que, de repente… alguien me llama ¡David!, me doy la vuelta… era Takae-chan, a la que conocí en mi primera fiesta Takoyaki y a cuya fiesta de cumpleaños junto con los del club de baile moderno no falté. Hacía años que no la veía.

Con Takae Chan

Evidentemente ya no era estudiante, según me contó en una breve conversación que tuvimos, ahora trabaja como personal de apoyo en uno de los departamentos de la universidad, un puesto temporal mientras preparaba su verdadero proyecto personal: abrir una academia de idiomas. Me encantó verla… sellamos el encuentro con un abrazo y ella se fue. Casi tomando el relevo llegó Gonzalo, no saludamos y empezamos a hablar y unas chicas que estaban allí comiendo nos preguntaron (en español): ¿sois españoles? y por supuesto, seguimos la conversación con ellas. Shiho llegó poco después… casualidades de la vida… eran sus amigas.

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Una vez que ya estábamos todos fuimos a elegir la comida… cuántas veces habría hecho yo ese camino en el invierno de 2005/2006… pero esta vez no podría decir que hubiera cambiado mucho, seguía estando mi combinación favorita (véase en la fotografía bajo estas líneas), bastante completa por menos de 500yenes (púlsese sobre la cantidad para ver el cambio actual a euros)

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Nos pusimos a comer y hablar de nuestras vidas y proyectos futuros y pronto el sabor agridulce de la nostalgia desapareció sin que me diera cuenta. Es curioso, crees echar de menos un lugar cuando estás lejos, pero no es así… echas de menos lo que allá viviste por que, aún volviendo físicamente allí, sabes que no es lo que fue antes. Disfrutad lo que tengáis ahora al máximo, quizá no sea el mejor momento de vuestra vida, pero, lo que si os puedo asegurar, es que es un momento único….

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