Después de bastante tiempo sin publicar nada de la sección del blog «Dos minutos en…«, vuelvo a la carga con un nuevo vídeo grabado a cámara fija y con sonido ambiente Esta vez también lo grabé con mi iPhone 4, aprovechando que pude situarme en el primer vagón (junto a la cabina) del monorraíl de Osaka un día que me dirigía al aeropuerto de Itami
Cuando tomo vuelos internos desde Osaka, me gusta usar este aeropuerto porque es pequeño, rápido para facturar y fácil de acceder a las puertas embarque y, además, tiene un montón de tiendas y restaurantes, así como un observatorio muy molón, aunque escasean las zonas de internet gratuito. Es muy fácil de acceder al mismo mediante el monorraíl de Osaka y, personalmente, el trayecto se me hace muy corto en este medio.
La historia de este aeropuerto es muy curiosa: se inauguró en 1939, pero en 1945 con la ocupación estadounidense, se convirtió en una base militar americana. Como anécdota comentar que, en 1954, Marilyn Monroe y Joe DiMaggio pasaron por este aeropuerto durante su luna de miel. En 1959, el aeropuerto volvió a manos niponas y fue ya denominado «Aeropuerto de Osaka».
Durante los años 60,70 y 80 hubo muchas polémicas entre el gobierno local y los habitantes de Itami ya que el tráfico aéreo internacional producía demasiado ruido y polución, además de que los aviones americanos tenían pleno derecho a repostar y estacionar en el mismo. Estas tensiones y el aumento del número de vuelos con los años, fueron los detonantes de la construcción del Aeropuerto de Osaka Kansai en el mar (lejos de los núcleos urbanos) para los vuelos internacionales y dejar el de Itami solo para domésticos.
El castillo de Kishiwada está en el municipio del mismo nombre, a las afuera de Osaka, junto a la bahía, muy cerca del aeropuerto de Internacional de Kansai. No es tan espectacular como el Castillo de Osaka, pero es un lugar mucho más tranquilo, con unas vistas muy bonitas (y, desde luego, sin tantos visitantes), lo que lo convierte un buen candidato para ir a dar una vuelta o simplemente pasar un rato tranquilo con unas buenas vistas.
Este castillo realmente no tiene una gran importancia histórica. Aunque hay una estructura cercana de una primera fortificación del siglo XIV, el castillo no llegó al esplendor de su construcción hasta 1585, cuando Toyotomi Hideyoshi conquistó estas tierras y se las cedió a su tío, el samurai Koide Hidemasa, que restauró el castillo y lo amplió hasta aumentar la altura del edificio principal a cinco niveles. En el 1619, los Koide lo perderían frente a los Matsudaira (clan en al que originalmente perteneció Tokugawa Ieyasu), y que a su vez lo cedieron a los Okabe, que lo mantendrían hasta a restauración Meiji.
Desgraciadamente, en 1827, un rayo cayó sobre el castillo provocando un incendio que lo quemó casi por completo y lo que vemos ahora es una reconstrucción de 1954 que, en su edificio principal, en vez de 5 niveles tiene solo 3. Eso sí, la historia tiene una parte buena, y es que en el patio tenemos un bellísimo jardín seco de Mirei Shigemori, que se realizó durante la reconstrucción del lugar y que, sin ser tan famoso como el del Ryoan-ji, encierra una particular belleza (véase la fotografía sobre este párrafo).
La entrada al patio del castillo es gratuita, pero la del edificio principal (habilitado como museo) cuesta 300Yenes. El museo no es nada del otro mundo, pero las vistas desde arriba no están nada mal. Otra de las cosas que me gustan de este castillo es que es uno de los primeros lugares de Osaka en los que florece el Sakura, de hecho yo vine aquí durante el Hanami de este año en el que pude disfrutar del florecimiento del cerezo en diversos lugares de Japón gracias al JR Pass cortesía de mis amigos de Destinos Asiáticos :).
No recuerdo con exactitud cuando fue la primera vez que llegué por casualidad a este lugar, pero sí el cómo. Recuerdo es que era una tarde lluviosa de otoño… Aprovechando que la lluvia había cesado, salimos de uno de las varios izakaya de las cercanías de Dōtonbori que habíamos visitado esa noche con la excusa de refugiarnos en ellas. Recuerdo que fui con otros estudiantes de GaiDai, que apenas conocía la ciudad y que aún no entendía el idioma por lo que debió ser el año de mi llegada, el 2005.
Me llamó la atención el cartel y el suelo pavimentado con piedra al estilo tradicional japonés, que nacía del asfalto gris instalado apenas algunas décadas… aquel pequeño templo estaba ahí mismo, sin una entrada con mucha floritura ni amplios espacios abiertos… en una esquina de una calle de la zona de bares del minami-ku, como un oasis, esperando ser encontrado por los que nunca se imaginarían que un pedazo de la Osaka del 1700 pudiera estar allí. Entrar fue inevitable…
Diversos farolillos de diferentes colores iluminan los dos altares, unos salary-man vierten agua sobre una imagen de Fudo-myo (不動明王) cubierta de musgo que hay en uno de ellos… nunca había visto una estatua de roca vestida de verde de esa forma, supongo que este es otro de los elementos diferenciales del templo. Interesante encontrar un lugar tan curioso, tan cercano del «mundanal ruido» de causalidad. Más tarde me enteré de que este templo goza de cierta popularidad.
Seguimos atravesando la pequeña plaza que hace de patio del lugar sagrado dejando a un lado el santuario del musgo y al otro una capilla llena de linternas de papel (提灯). Más adelante, unas farolas modernas blancas (se ven al fondo de la fotografía bajo estas líneas) se comenzaba a nacer Hozenji Yokocho.
Como podéis ver en las imágenes, se trata de una estrecha calle que, aunque mantiene el pavimento tradicional, está flanqueada de restaurantes tradicionales y algunas tascas. Al parecer este callejón, algún día fue un espacio para las tiendas anexas al templo, pero cambió de cometido tras su reconstrucción después de la II Guerra Mundial.
Tímidamente, algunas gotas precoces nos avisaron de que pronto comenzaría a llover de nuevo, aún era temprano, así que debíamos apresurarnos para buscar otra taberna en la que cobijarnos. Antes de abandonar escucho unos ruidos y miro a mi izquierda, un gato se esconde en los recovecos, no lo llegué a ver aquel día, pero si muchas veces después… o quizá son sus amigos o familiares felinos… nunca lo sabré… Aquí os dejo la ubicación exacta de este lugar en Google Maps. No olvidéis saludar a los gatos de mi parte. ;)
El templo budista de Shitennō-ji (四天王寺) es para mí uno de los lugares imprescindibles a visitar de la ciudad de Osaka, más que nada porque el más famosos de la ciudad y de los más populares en Japón, ya que muchos lo consideran el más antiguo del país y, de alguna manera, es cierto, ya que su primera construcción data del año 593 de nuestra era. Fue mandado construir Príncipe Shōtoku, que fue uno de los mayores impulsores del budismo en aquella época.
No obstante aquí hay una pequeña polémica, porque no queda nada de la edificación original, lo que vemos es una reconstrucción, además bastante reciente, del 1963. Para mí, por lo tanto el templo más antiguo de Japón, es el Horyuji (法隆寺) (ubicado en Nara) ya que conserva alrededor del 15% de su construcción del año 670 (la construcción original es del 607, pero se reconstruyó más tarde tras un incendio que también es causa de polémica), siendo, de una forma u otra, la edificación de madera (que aún se conserva) más antigua del mundo.
Para llegar hasta el Shitennō-ji (四天王寺), lo más fácil es ir hasta la estación de metro Shitennoji-mae Yuhigaoka (四天王寺前夕陽ヶ丘駅) y andar hasta la puerta más cercana. En realidad, es un recinto sagrado con varias edificaciones. La entrada al recinto y a los altares de los alrededores es gratuita, pero la entrada al claustro donde se encuentran las construcciones más importantes (entre las que destaca el pabellón principal (Kondō) y la pagoda de cinco alturas) cuesta 300yenes. Quizá lo veáis más claro en este mapa.
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